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24 de septiembre de 2004 un año. doce meses. 365 días. 8760 horas. 525600 minutos. seguro que no te acordaste de que hace un año de que hablamos por teléfono siete veces hasta que logré convencerte de vernos. de common people. del paseo por recoleta. de las primeras veces que viniste a mi casa. y que yo conocí la tuya, con tus dos gatos, tu living minimalista y tu pared superpoblada. de que empezaste a confiar en mi para abrirte y contarme cosas de tu vida, importantes para vos. tus viejos, tu abuelo, tus miedos, tus impaciencias, tus frustraciones, tu teatro, tu cine, tus (miles de) amigos. un año desde que empezaste a colarte por mis huesos. desde que me sorprendió despertarme un día y darme cuenta de que la necesidad de verte se me había hecho vital. no existen palabras para definir una ausencia. no alcanza siquiera el dolor para llenar un vacío tan grande como el que dejaste no hay una canción que describa lo que siento. podría poner alguna de aquél disco que te diera, o esta, o cualquier otra, y lo mismo daría. en cualquier caso, nunca será suficiente. Igual que el mosquito más tonto de la manada yo sigo tu luz aunque me lleve a morir, te sigo como les siguen los puntos finales a todas las frases suicidas que buscan su fin. Igual que el poeta que decide trabajar en un banco sería posible que yo en el peor de los casos le hiciera una llave de judo a mi pobre corazón haciendo que firme llorando esta declaración: Me callo porque es más cómodo engañarse. Me callo porque ha ganado la razón al corazón. Pero pase lo que pase, y aunque otro me acompañe, en silencio te querré tan sólo a tí. Igual que el mendigo cree que el cine es un escaparate, igual que una flor resignada decora un despacho elegante, prometo llamarle amor mío al primero que no me haga daño y reir será un lujo que olvide cuando te haya olvidado. Pero igual que se espera como esperan en la Plaza de Mayo procuro encender en secreto una vela no sea que por si acaso un golpe de suerte algún día quiera que te vuelva a ver reduciendo estas palabras a un trozo de papel. Me callo porque es más cómodo engañarse. Me callo porque ha ganado la razón al corazón, pero pase lo que pase, y aunque otro me acompañe, en silencio te querré tan sólo... ...me callo porque es más cómodo engañarse. Me callo porque ha ganado la razón al corazón, pero pase lo que pase, y aunque otro me acompañe, en silencio te querré, en silencio te amaré, en silencio pensaré tan solo en tí. un año. doce meses. 365 días. 8760 horas. 525600 minutos. una vida mezclado por ![]() lunes, septiembre 26, 2005 | 7:43 p. m. la verdad, para mi todos estos meses son una mierda. siento que mi vida va en cualquier dirección, menos para donde yo quiero. así que te juro que se lo que se siente. hoy me levanté, y no tenía absolutamente ningún impulso. nada. lo único que hacía era vagar por la casa. ni siquiera me daban ganas de poner música. y te llamé. cuatro veces te llamé, pero no me atendió nadie (lo cual casi me tranquilizó, porque realmente, la idea de que me atienda ******** me perturba cada día más) por cierto.... a que te referís con tanto show? no se si termino de entender. bah, que se yo. no se si hace falta que yo entienda algo. la verdad, en este momento tendría ganas de empezar a caminar a la deriva hasta caer completamente agotado. y creo q sos una socia ideal para ese tipo de cosas en fin. no se. no se nada de nada. a veces me pregunto cuál es el puto punto de apoyo de mi vida. y esta perra pone ese maldito remedo de collage, y yo siento como si me masacraran, como si los 37 hijos de puta que tocan el tambor en esa remaldita música brasilera que está escuchando este imbécil golpetearan en mí en vez del parche méndiga vida ni siquiera soy capaz de tomarme completamente en serio mezclado por ![]() viernes, septiembre 16, 2005 | 5:07 p. m. y bueno, siemrpe tiene que haber personajes secundarios, actores de reparto, no? "por lo menos, en mi vida, quiero ser la protagonista!" si, marin, pero lo que no pensaste es que, a veces, es más importante ser actor en la vida de otro y mientras ella estaba en la barra, con sus labios rojo sangre, como la sangre que derramé de mis ojos, y él se le acercaba, maravilloso, con su traje a rayitas de solapar ancha, a enamorarla indefectiblemente, irremediablemente, maravillosamente, yo estaba allá, al fondo. sentado en una mesa que no le importa a nadie. ni al director. un personaje que antes, en algún momento de la película, decía "la mesa está servida", pero ahora ya ni eso. ahora, reducido a ese que está allá al fondo, con una camisa mugrienta, tomándose una ginebra horrorosa, mirando de lejos como él, perfecto, seductor (siempre ÉL tiene que ser perfecto y seductor) le hablaba. le invitaba otro martini, mientras le decía que el rojo de sus labios era como el de su corazón, dado vuelta sobre la mesa. y la sangre que se derramara de mis ojos tantas noches en que la lloré en silencio, ahora se coagulaba, poniéndose negra, transformándose en una masa asquerosa y pútrida que más que un amor, parecía los restos de una obsesión mal desentrañada ahora ella deja la boquilla larguísima sobre la barra, y él la toma del brazo. y se van juntos, mirándose embelesados. las mejillas de ella, rosadas como hace tanto no las veía. fresca, preciosa, como siempre. como nunca. maravillosamente enmarcada por la presencia de él, imperturbable, excelso. y mi corazón, negro, dado vuelta en el parquet, pisoteado sin querer por ella cuando pasa a mi lado, sin siquiera notarme, con esos tacos altísimos que la hacen más mujer mezclado por ![]() martes, septiembre 06, 2005 | 2:12 a. m. |
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